La depresión es una de las enfermedades más de moda. Es muy frecuente oír eso de “estoy depre”. Sin embargo, estado abúlico, como aburrido, con falta de energía e ilusión, no suele ser una depresión, así con todas las letras. Esto es mas bien lo que nosotros conocemos como el “sentimiento depresivo”, parecido a la depresión pero que es simplemente uno más de los síntoma de un estado de ansiedad.
A partir de determinadas edades, este tipo de sentimientos se hace mas patente por la falta de objetivos, por la carencia de ilusiones, que no se están generando. Un viajecito, sin demasiadas responsabilidades, sin mas objetivo que el divertirse, distraerse y ver cosas distintas, resulta ahora muy apetecible y provechoso.
Hay varios tipos de depresión, si es que hablamos de la depresión en sí. La mas temida es la que tiene origen genético, la que se viene heredando, la bipolar. Tiene difícil tratamiento y suele ser dura. En este tipo de depresión nuestra posible intervención se circunscribe a evitar picos excesivos, y siempre bajo dirección médica, no admite intervención orientada a eliminar la situación, solo a paliarla.
Para la depresión mas corriente, la situacional, la que sobreviene como consecuencia de un proceso mental o nervioso mantenido a lo largo del tiempo, bien sea endógena o exógena, se trata mucho mejor y suele responder muy bien con el tratamiento en hipnosis. Es normal que remita, con mejorías notorias ya desde el principio, en algo así como 6 o 7 sesiones. Si son mas duras y están mas cronificadas, puede ser necesaria alguna sesión mas, sobre todo cuando vemos que el proceso de ansiedad ya ha llevado al paciente a una situación de descontrol neurótico importante. Pero en general, las reacciones suelen ser muy positivas. En estos casos, deja de ser imprescindible en el tiempo la toma de ninguna pastilla de ningún tipo, quizá al principio sea adecuada para evitar agravamientos. La terapia es suficiente. Hay que recordar que los fármacos suelen ser paliativos, no curativos, aunque la depresión es casi la única enfermedad que se puede curar con pastillas y sin terapia, si bien es cierto que con largo tiempo por delante.
Estas dos son depresiones primarias, las fuertes y graves. Las depresiones secundarias son mas fáciles de tratar, además de que no suelen presentar síntomas tan evidentes como las primarias. Incluso existe una depresión que podríamos llamar falsa, que es la depresión paranoica, que como su nombre indica es algo así como inventada por el propio paciente, para entendernos.
Si estamos ante estados graves de depresión, no es raro que sobrevengan problemas fisiológicos asociados, aspecto descubierto en medicina hace mucho tiempo, pero poco considerado. Por ejemplo, después de una depresión importante es frecuente que se produzca alguna afección hepática. Se debe a la consabida interacción mente-cuerpo. Mientras que no se resuelva del todo el aspecto mental, el fisiológico va estar dando la lata sin acabar de resolverse, observándose que si empezamos por el tema mental, el fisiológico mejora e incluso desaparece con mas facilidad.
Debemos darle a la depresión la importancia que merece ya que es una patología que responde muy favorablemente en el corto plazo, sin necesidad de entrar en procesos de complicados cocteles farmacológicos que tienen tantas contraindicaciones que, a veces, deberían considerarse hasta contraproducentes.
Recordemos que nuestra forma de diseñar una intervención de este tipo nos permite utilizar ejercicios que posibilitan la regulación, en este caso concreto, de la serotonina, neurotransmisor vital en tantos procesos pero muy especialmente en el depresivo. Son las posibilidades que nos ofrece el continuo progreso de la hipnosis actual, moderna y basada en aspectos exclusivamente científicos.